Evidencia

Lo que sabemos de la menopausia

Lo que se ha publicado sobre lo que pasa en esta etapa, contado sin tecnicismos y con el enlace al estudio original. Sin cifras inventadas, sin promesas y sin nombrar ningún producto: solo lo que dicen las investigaciones, incluido lo que todavía no sabemos.

01 · Síntomas vasomotores

Los sofocos duran más de lo que a nadie le contaron

Es la queja más frecuente de la transición y, durante décadas, se explicó como algo de "unos meses". El seguimiento más largo que existe dice otra cosa.

Entre las mujeres que tienen sofocos frecuentes, estos duran una mediana de 7,4 años, y siguen alrededor de 4,5 años después de la última menstruación. Cuándo empiezan cambia mucho el pronóstico: si aparecen temprano, antes de que los ciclos se alteren, la mediana supera los 11 años; si aparecen cuando la menopausia ya llegó, baja a 3,4 años.

Son medianas entre mujeres que ya tenían sofocos frecuentes, no un promedio de todas las mujeres. La mitad estuvo por debajo de esas cifras.

Avis NE, Crawford SL, Greendale G, et al. (2015). Duration of menopausal vasomotor symptoms over the menopause transition. JAMA Internal Medicine, 175(4):531–539. Ver estudio

La sociedad científica de menopausia de Norteamérica revisó en 2023 todo lo que se ha probado fuera de las hormonas. Con evidencia buena y consistente quedaron la terapia cognitivo-conductual, la hipnosis clínica y algunos medicamentos no hormonales.

También revisó suplementos y productos herbales, soya, acupuntura, yoga y mindfulness, y concluyó que no hay evidencia suficiente para recomendarlos frente a los sofocos.

"No recomendado para sofocos" no significa dañino ni inútil para otras cosas: significa que, para este síntoma puntual, los estudios disponibles no alcanzan.

The North American Menopause Society (2023). The 2023 nonhormone therapy position statement of The North American Menopause Society. Menopause, 30(6):573–590. Ver estudio

02 · Sueño

No es que cueste dormirse: es despertar a las tres

Dormir mal es de lo primero que aparece y de lo último que se consulta, porque se atribuye al estrés o a la edad.

Entre 40% y 56% de las mujeres en perimenopausia y posmenopausia reportan dificultades para dormir. El dato que le da sentido es el de comparación: entre las mujeres que todavía no entran en la transición, la cifra es 31%. Lo característico no es tanto costar quedarse dormida como despertar en mitad de la noche y no volver.

Todas esas cifras son de lo que las mujeres reportan. Cuando el sueño se mide con equipos en laboratorio, los resultados son bastante menos concluyentes, y separar el efecto de la menopausia del efecto de la edad sigue siendo un problema abierto.

Baker FC, de Zambotti M, Colrain IM, Bei B (2018). Sleep problems during the menopausal transition: prevalence, impact, and management challenges. Nature and Science of Sleep, 10:73–95. Ver estudio

03 · Ánimo

La ventana de más riesgo es la transición, no el después

Dos estudios que se complementan: uno mira a mujeres que nunca habían tenido depresión, el otro junta todo lo publicado.

Se siguió durante ocho años a mujeres sin ningún antecedente de depresión. Durante la transición, los síntomas depresivos fueron más de cuatro veces más probables que en su propia etapa previa. Lo que se asoció al ánimo bajo no fue tener las hormonas "altas" o "bajas", sino cuánto variaban respecto del punto de partida de cada mujer.

Fueron 231 mujeres de una sola ciudad de Estados Unidos. Es un estudio pequeño y observacional: muestra una asociación, no una causa.

Freeman EW, Sammel MD, Lin H, Nelson DB (2006). Associations of hormones and menopausal status with depressed mood in women with no history of depression. Archives of General Psychiatry, 63(4):375–382. Ver estudio

Un metaanálisis reunió 17 estudios y más de 16.000 mujeres. En la perimenopausia el riesgo de depresión sube alrededor de un 40% frente a la etapa previa. En la posmenopausia la diferencia deja de ser estadísticamente significativa: el momento delicado es el tránsito, no el destino.

Este análisis no separó a las mujeres con depresión previa de las que nunca la habían tenido, así que la cifra mezcla ambos grupos.

Badawy Y, Spector A, Li Z, Desai R (2024). The risk of depression in the menopausal stages: a systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 357:126–133. Ver estudio

04 · Memoria y concentración

La niebla mental existe, y tiene fecha de término

Olvidar palabras, perder el hilo, releer tres veces el mismo correo. Se estudió con un test repetido año a año.

A 2.362 mujeres se les aplicó el mismo test de memoria y velocidad mental una vez al año durante cuatro años. Casi todos los grupos mejoraban con la repetición, que es lo normal cuando uno ya conoce la prueba. Las mujeres en perimenopausia tardía fueron el único grupo que no mejoró.

Después, en la posmenopausia, el rendimiento vuelve a subir. Los autores lo describen como una dificultad acotada en el tiempo.

El hallazgo no es que la memoria se derrumbe, sino que durante un tramo se pierde la mejora esperable por práctica. La diferencia importa: lo que el estudio describe es transitorio.

Greendale GA, Huang MH, Wight RG, et al. (2009). Effects of the menopause transition and hormone use on cognitive performance in midlife women. Neurology, 72(21):1850–1857. Ver estudio

05 · Huesos y composición corporal

El cuerpo empieza a cambiar antes de la última regla

Los dos cambios más silenciosos de esta etapa arrancan un par de años antes de que se acabe la menstruación, cuando nadie los está buscando.

La pérdida de masa ósea no empieza cuando se acaba la regla: empieza cerca de un año antes y se concentra en una ventana de unos tres años alrededor de ese momento. En la columna lumbar, esa ventana sola concentra un 7,4% de pérdida. Después continúa, pero más lento.

La velocidad varía mucho según contextura y ascendencia dentro de la misma cohorte, que es estadounidense y no incluyó mujeres latinoamericanas.

Greendale GA, Sowers M, Han W, et al. (2012). Bone mineral density loss in relation to the final menstrual period in a multiethnic cohort: results from the Study of Women's Health Across the Nation (SWAN). Journal of Bone and Mineral Research, 27(1):111–118. Ver estudio

Al entrar en la transición, la velocidad a la que se gana grasa se duplica: pasa de 1,0% a 1,7% al año. Y la masa magra invierte el signo: de ganarse pasa a perderse. El giro arranca unos dos años antes de la última menstruación y se estabiliza alrededor de un año y medio después.

Lo que se duplica es el ritmo, no la grasa. Son cifras chicas año a año —del orden de medio kilo—, pero sostenidas y en una ventana concreta.

Greendale GA, Sternfeld B, Huang MH, et al. (2019). Changes in body composition and weight during the menopause transition. JCI Insight, 4(5):e124865. Ver estudio

06 · Deseo y sexualidad

Cambia menos de lo que se dice, y no cambia lo que se cree

Es el tema del que menos se habla en consulta y sobre el que más se asume. Catorce años de seguimiento ordenan bastante el panorama.

La función sexual se mantiene estable hasta unos 20 meses antes de la última menstruación. Ahí empieza a bajar, y desde un año después la caída se hace más lenta. La magnitud es modesta: 0,35 puntos al año en una escala de 5 a 25.

Ni la sequedad vaginal ni los síntomas depresivos ni la ansiedad explicaron ese descenso. Es un cambio real, medible y pequeño, no un desplome.

Avis NE, Colvin A, Karlamangla AS, et al. (2017). Change in sexual functioning over the menopausal transition. Menopause, 24(4):379–390. Ver estudio

En la misma cohorte, lo que sí cambió por efecto de la transición fue el dolor y el deseo. En cambio, la importancia que cada mujer le da al sexo, la excitación, la frecuencia y la satisfacción emocional con la pareja no cambiaron por la menopausia en sí.

Dicho de otro modo: buena parte de lo que se atribuye a las hormonas responde a la vida alrededor —la pareja, el cansancio, el ánimo— y no a la etapa.

Avis NE, Brockwell S, Randolph JF, et al. (2009). Longitudinal changes in sexual functioning as women transition through menopause. Menopause, 16(3):442–452. Ver estudio

Cómo leer esta página

Lo que estos estudios no dicen

  • Son observacionales. Describen lo que les pasa a grupos grandes de mujeres a lo largo del tiempo. Muestran que dos cosas ocurren juntas, no que una cause la otra.
  • Ninguno evalúa suplementos. Nada de lo que se cita aquí prueba que un producto —de esta ni de ninguna marca— sirva para estos síntomas.
  • Son cifras de grupo. Medianas y promedios de miles de mujeres. Tu experiencia puede estar lejos del número y seguir siendo completamente normal.
  • Vienen sobre todo de una cohorte estadounidense. Varios de estos datos salen del estudio SWAN, que siguió a mujeres blancas, afroamericanas, chinas y japonesas. No incluyó población latinoamericana: aplicarlos a mujeres chilenas es razonable, pero es una extrapolación.
  • Lo que no está, no está. Cuando un tema no aparece en esta página es porque no encontramos evidencia lo bastante sólida como para contarla sin exagerar.

Contenido educativo. No reemplaza una consulta médica ni sirve para diagnosticar o tratar ninguna condición. Si algo de lo que lees aquí se parece a lo que te está pasando, la conversación que corresponde es con tu médica o médico.